La decisión de Patricio Pato Noriega de bajarse de la posibilidad de dirigir a Los Pumas tiene más de una lectura. La más clara la brinda él mismo en la columna que escribió para el sitio Rugbyfun y en la cual hizo el anuncio. Señala textualmente: “En este momento el rugby argentino, a nivel político, no muestra señales demasiado claras de qué puede llegar a suceder en el futuro y, luego de mi mal interpretado viaje a aquella famosa gira Puma de Roma en 2006, prefiero mantenerme al margen de los cambios que pueden avecinarse en la Unión Argentina de Rugby (UAR)”.
Es verdad: ese sorpresivo vuelo de Noriega a Roma en el pico más alto de tensión entre los jugadores y los dirigentes de la UAR -el sábado anterior el plantel se había retirado del salón donde el presidente Alejandro Risler estaba dando su discurso tras la victoria en Twickenham- dejó mal parado para siempre al ex pilar de Los Pumas y de los Wallabies australianos.
Noriega hoy siente, aunque no lo dice, que aquella vez quedó en el medio de un conflicto que no le pertenecía. Y ahora no quiere tropezar con la misma piedra, ya que visualiza, con acierto, que se vienen tiempos de guerra en el rugby argentino.
Ocurre que la situación cada día se complica más, porque si bien en la cumbre de la semana pasada en el Hotel Panamericano se llegaron a ciertos acuerdos sobre el rumbo futuro que debe tomar el rugby argentino, hoy todo indica que la pelea grande empezará a registrarse en la reunión que se efectuará en el segundo fin de semana de diciembre durante el Seven Nacional en Paraná, y que la crisis explotará en la asamblea extraordinaria citada para el 28 de ese mes en la casa de la calle Rivadavia.
La cúpula de la URBA, que lleva como candidato a Porfirio Carreras para suceder a Risler, cree que todas las propuestas que está elevando esta conducción son tiros por elevación que en realidad buscan conseguir la continuidad en los principales cargos. El presidente de la entidad porteña, Néstor Galán, ya lo dio entender. Enfatizó que la URBA apoyará los cambios siempre y cuando se mantenga el espíritu del actual estatuto. Se refirió sobre todo a lo que tiene que ver con los tiempos de los mandatos, que vencen precisamente el Día de los Inocentes.
Desde las actuales autoridades de la UAR, principalmente Risler y el influyente secretario Raúl Sanz, insisten y juran que se marcharán cuando concluyan sus mandatos.
En tanto, desde el exterior llegan todos los días noticias desalentadoras sobre la posible incorporación de Los Pumas a una competencia internacional. No hay ni un mísero guiño desde el Seis Naciones ni desde el Tres Naciones, y nadie ha dicho que el seleccionado argentino puede lograr un lugar si prospera el plan estratégico que impulsa la actual conducción de la UAR.
El no de Noriega, en tanto, complica además el futuro de Los Pumas en cuanto a su entrenador. No porque no haya otros, sino porque era uno de las principales candidatos de José Javier Tito Fernández, a quien el ex pilar llamó por teléfono antes de que se publicara su columna. Sólo hay que recordar que todo lo que gira sobre el cuerpo técnico tuvo un desprolijo comienzo con anuncios luego aclarados sobre los aportes de Marcelo Loffreda y Daniel Baetti.
Trascendió también que Los Pumas podrían llegar a jugar el 15 o 16 de diciembre ante Chile, posiblemente en San Juan. Es muy difícil que antes de esa fecha se conozcan el o los nuevos conductores del seleccionado.
Por otra parte, Sanz se encuentra en Valencia gestionando que Los Pumas sean locales allí en uno de los dos test de mitad de año con Escocia. La posibilidad le brindaría a la UAR un notable incremento en los ingresos por localidades vendidas, pero también es cierto que dejaría a los argentinos sin la chance de ver al equipo en casa, algo que ocurrió por última vez allá por comienzos de junio de este año.
En este ítem tampoco existen certezas. Desde la UAR aseguran que el IRB ya aprobó la localía en el exterior; desde donde mandan los del rugby dicen que no.
Hay mucha convulsión, mucho barullo, que no tiene que ver ni con la convulsión ni con el barullo que generaron Los Pumas en el Mundial. Este, sin dudas, es otro escenario.