Largo
Domingo, 30 de Septiembre de 2007
“Un largo domingo de rugby”, tituló hoy L’Equipe, el diario deportivo francés más importante del mundo. Vaya si lo está siendo. Acá ya es casi lunes y el hotel Grand Barriere de Enghien les Bens, donde se alojan Los Pumas, es una fiesta argentina. Amigos y familiares comparten todavía lo que ocurrió hace unas horas en el Parque de los Príncipes. Será una noche extensa, tanto como un día que comenzó muy temprano. Por eso, mañana habrá jornada libre para los jugadores.
“Bruja, no volvemos”, rezaba una de las tantas banderas desplegadas en el estadio. Muchos de los argentinos que llegaron para la segunda parte de la primera rueda no se quieren ir. Algunos planean regresar para las semifinales. Algo es seguro: habrán muy pocos el domingo en el Stade de France. Colmarán los escoceses, que los siguen a los suyos a todos lados con sus características polleras. Y no habrá pica. Los escoceses aman a los argentinos por Diego Maradona. Incluso le dedicaron un himno a la Mano de Dios. Se sabe: detestan a los ingleses. ¿Qué harán esta vez los franceses que sacaron su entrada soñando con que allí estuviesen les bleus? Toda una incógnita.
De todos modos, el duelo argentino-irlandés fue sólo en la cancha. A la salida del estadio, las camisetas celestes y blancas y las verdes se unieron para festejar en los bares, haciendo un culto del espíritu del rugby, que no es verso, aunque algunos se encarguen de mancharlo.
Tanto me insistieron que respeté las cábalas. Llevé, como en los tres anteriores partidos, la pesada computadora al estadio. Pero me volví a escribir al hotel, porque regresar en otro medio de transporte que no sea un auto a Enghein les Bains es imposible. Los amigos de Clarín me ayudaron a recorrer los 17 kilómetros de distancia.
Mientras escribo, escucho los festejos en el Grand Barriere y observo desde la ventana el trabajo de mis compañeros de ESPN, que están transmitiendo en vivo para la Argentina. Desfilan ante sus cámaras casi todos los jugadores. Lo deben estar viendo allá. Me aportan un dato: Canal 9 hizo picos de 11 puntos de rating, todo un récord para esa hora y ese canal.
Vi el partido rodeado de periodistas franceses e irlandeses. Cuando Juan Hernández despejó mal una pelota en el comienzo del partido, uno hizo un gesto como que Los Pumas tenían miedo. Supongo que habrá cambiado de opinión rápido. Por el partido y por Juani, quien maravilla a todo el mundo del rugby.
Me animaría a decir que todos los clubes de la Argentina estuvieron presentes hoy en el Parque de los Príncipes. Parecía un torneo se seven la Place Du Docteur Paul Michan, enfrente del estadio.
Ya llevo un mes acá y extraño. Me emociono cada día más con los comentarios que deja en el blog mi hijo, que insiste con la play3, que, les cuento, sale 1.500 dólares. Me emociono cuando me pide que no lleve la computadora porque es muy pesada. Me encanta también que opinen las mujeres. ¡Aguante, Cecilia!¡Aguante, Mariana!
Este, como escribí en el post anterior, fue un domingo inolvidable por un montón de sensaciones. Pero la más fuerte fue el abrazo con el que me estreché con Boqui Casanova, mi gran amigo del alma y de la infancia, que vive en Milán y se vino a ver el partido con el Borgia, uno de sus hermanos, símbolo de Alumni. Estar aquí juntos fue algo increíble. Nos sacamos una foto que, prometió, viajaría rápido a la Argentina, para que la vea el resto de la banda.
Ahora, creo, se viene otra mudanza, porque Los Pumas deben dejar Enghein les Bains por exigencia de los organizadores. La UAR sigue peleando para quedarse. Se resolverá al mediodía. Termino. Ha sido, verdaderamente, un domingo largo. Pero feliz.
Hasta mañana.










