
Al otro día del triunfo ante Japón, Los Pumas viajaron en avión hacia Lille. El traslado para el resto de los argentinos -periodistas incluidos- fue un poco más largo y complicado. La mayoría optó por ir en auto hasta Dover y desde allí cruzar el Canal de la Mancha en ferry. Otros, tren desde Cardiff a Londres y de allí, otro tren, por debajo del Canal, hasta Lille.
Irlanda y Los Pumas estaban concentrados en dos hoteles que sólo estaban divididos por una autopista que conducía a Lens, la ciudad que el miércoles 20 de octubre iba a recibir el partido por los playoffs en busca de los cuartos de final. Apenas unos metros separaban las ilusiones de unos y de otros.
El frío ya se había apoderado de Europa. Y los campamentos mostraban imágenes diferentes. Mientras los irlandeses caminaban por el hotel Holliday Inn como si estuviesen frente a un trámite, los argentinos desfilaban por el Mercure con rostros y aspectos de estar ante una situación histórica.
Todos los pronósticos daban a Irlanda como ganador, más teniendo en cuenta el test que habían sostenido antes del Mundial. Además, el negocio tenía que cerrar con los cuartos de final disputados por los tres del Hemisferio Sur y los cinco del Norte.
Esa confianza de los europeos quedó expuesta en la conferencia de prensa que el entrenador irlandés, el neocelandés Warren Gatland, dio un día antes del partido. Todas las preguntas iban dirigidas al hipotético choque en cuartos contra Francia, en Dublin. Casi ningún interrogante apuntaba a Los Pumas.
En tanto, por los pasillos del Mercure se olfateaba un espíritu difícil de describir. Había adrenalina por todos los rincones. También distensión, sobre todo con las cargadas del Yankee Rolando Martin a Ignacio Nacho Fernandez Lobbe por el triunfo de River ante Boca. Ellos dos más Mauricio Reggiardo habían viajado el domingo a la noche hasta la frontera con Bélgica para ver el partido en un bar.
El día anterior al test, los pateadores, Nicolás Fernández Miranda y el capitán Lisandro Arbizu recorrieron los 70 kilómetros que separan Lille de Lens para visitar el estadio, probar los envios a los palos y verificar la luz. En un momento, Arbizu se quedó solo, mirando fijo hacia el ingoal que al otro día iba a significar el símbolo de la resistencia.
Entonces, me le acerqué y tras un par de preguntas de rigor, le dije: “En Irlanda sólo piensan en Francia. Ni hablan de ustedes”. Liso me contestó con el gesto de alguien que está muy seguro si mismo: “Mejor que no hablen. Mañana van a ver”.
Faltaba menos de un día para el partido más importante en la historia de Los Pumas.
Sigue el martes 3/7