
La salida de José Luis Imhoff generó una ardua polémica en torno a su sucesión. Todos los días surgía un apellido nuevo. En la danza giraron Rafael Madero, Marcelo Loffreda (en ese entonces entrenador del seleccionado de Buenos Aires) y José Javier Tito Fernández, entre otros. Hasta que la dirigencia optó por Héctor Pipo Méndez, quien había logrado un muy buen código de convivencia con Alex Wyllie, cuando ambos dirigieron a los juveniles en 1997 y 1998.
Méndez, otro histórico del rugby, asumió con una condición: no estar atado a la lista de 22 jugadores que había designado Imhoff. Se preveía otro frente de tormenta a poco de viajar a una gira por Escocia e Irlanda y a un par de meses del Mundial.
Encima, Pedro Sporleder, capitán de Los Pumas, y Mario Ledesma fueron expulsados en un partido de su club, Curupaytí, contra Champagnat. El informe del árbitro Marcelo Pilara era categórico. Y la URBA los sancionó con 16 y 24 semanas. Conclusión: se quedaban afuera del Mundial.
Así, con ese panorama caótico, Los Pumas viajaron a Europa. Y en Edimburgo, en el famoso estadio de Murrayfield, alcanzaron la primera victoria en la historia en el Reino Unido. Jugando un rugby por momentos de alto nivel, le ganaron a Escocia por 31-22, con una soberbia actuación de Octavio Bartolucci. A todos les volvía el alma al cuerpo.
La euforia duró poco, como era habitual en esos tiempos. Méndez quería de medio scrum a Nicolás Fernández Miranda, lo que generó una de las tantas polémicas que históricamente protagonizó el rugby argentino. Y lo dejó a Agustín Pichot en el banco para el test con Irlanda, en Dublin.
Nico sintió esa presión y tuvo una tarde negra. Los Pumas perdían por escándalo hasta que faltando poco, Méndez y Wyllie mandaron a la cancha a Pichot. Dos tries suyos evitaron una goleada. Finalmente, los irlandeses ganaron por 32-24.
Pero lo peor de esa día no fue la derrota. Después del partido, Méndez reunió a los jugadores y les dijo que había armado otra lista para el Mundial, y que ya la había enviado al International Rugby Board (IRB), sin pasar por Buenos Aires. Se quedaban afuera Ezequiel Jurado y Facundo Soler, dos de los que estaban entre los 22. También Pablo Camerlinck, quien no había viajado por cuestiones laborales.
Estalló ahí mismo otro conflicto. Se sabía que la situación iba a explotar en Buenos Aires, al regreso. Faltaba nada para el Mundial y todo parecía indicar que se estaba en presencia de un nuevo fracaso.
Sigue el martes 29/5