
En Wellington esperaban los All Blacks, nada menos. Con un equipo temible. A Los Pumas ni siquiera les había servido el triunfo contra Italia. Todos sabían que lo único rescatable había sido el resultado. El ambiente, encima, no era el mejor. Por ejemplo, Jorge Allen y Rafael Madero se terminaron agarrando a trompadas en un entrenamiento. Todo estaba tenso.
Guastella y Silva trataban de mantener el espíritu de equipo y, además, alentaban la posibilidad de la clasificación a los cuartos de final. “Había que salir a ganar, como siempre”, dijo Papuchi. La victoria de Italia sobre Fiji en Dunedin, un día antes del test con los locales, alimentó las fantasías. Y empezaron los cálculos: Los Pumas podían pasar si marcaban 3 o 4 tries, sin importar por cuánto perdían.
Ante un Athletic Park repleto, Los Pumas salieron a enfrentar a los de negro con Angaut (por el lesionado Salvat); Campo, Madero, Turnes y Juan Lanza; Porta y Gómez; Allen, Travaglini y Schiavio; Branca y Carossio; Molina, Cash y Dengra. Una aclaración: hasta último momento Cuesta Silva era titular. Según el ex centro del SIC, sufrió un problema gástrico. Según Silva, “no aguantó la presión”.
Un datito más de ese día: durante un instante, en un lado de la cancha había sol y del otro, llovía. Un fenómeno que sólo se puede dar en Nueva Zelanda.
El entrenador de los All Blacks, Brian Lochore, reservó a tres de sus estrellas: el full back John Callagher, el octavo Wayne Shelford y el ala Michael Jones. Pero en cancha estaban el capitán y medio scrum David Kirk, la computadora y apertura Grant Fox, el tremendo wing John Kirwan y los experimentados hermanos Alan y Gary Whetton. Y, como era de esperar, los neocelandeses se plantaron rápido en campo argentino.
Porta acertó tres fantásticos penales, uno de atrás de mitad de cancha, y la diferencia no se estiraba. Muchos soñaron cuando Juan Lanza vulneró por primera vez en el torneo el ingoal neocelandés. Parecía que se podía, pero se fueron lesionados Travaglini y Turnes, el equipo se fue cayendo y en los últimos 20 minutos llegaron tres tries de los locales que sellaron un 46-15 que significó el adiós al Mundial. Un adiós que se había empezado a concretar mucho antes.
A Los Pumas, al fin, les quedó el consuelo de ser junto a Francia los únicos en hacerles un try a los neocelandeses, que posteriormente se consagraron campeones del mundo tras vencer a Francia por 29-9. “Mi sueño era llegar hasta cuartos de final y después quedarme a ver el Mundial, pero me volví enseguida después del partido con los All Blacks. Y en mi casa me quedé diez días en cama”, recordó Porta.
Pero la perla de ese primer Mundial fue la semifinal entre Francia y Australia. Para muchos, el mejor partido de la historia. Un ida y vuelta infernal con dos equipos dedicados a jugar desde todos lados. Fue para Francia con un try inolvidable de Serge Blanco sobre la bandera en la última pelota.
Nadie preveía en aquel junio de mil novecientos ochenta y siete que ese iba a ser el único título de los All Blacks, y que Los Pumas se pasarían más de dos Mundiales sin un solo triunfo.
Sigue el martes 6/3